A veces, creemos
sentirnos tan vacíos,
que le ponemos nombre
y un rostro cualquiera,
a algún sueño.
Y en ese recipiente tan efímero
creemos liberarnos,
y derramamos
y dejamos fluyendo,
todos nuestros sentimientos
Sin protección,
con el alma al viento.
Y de pronto un día,
el sol parece desenfocarse
y nos perdemos en la oscuridad,
tratando, de centrar la mirada,
buscando lo que sujetaba,
todas nuestras inseguridades,
vacíos y miedos.
Y ya no encontramos
ni nombre, ni rostro ,ni sueño
Pero el recipiente
donde nos volcamos,
descubrimos
que sigue existiendo,
dentro ,muy adentro
en nuestro pecho.
Con los sentimientos,
latiendo en calma,
porque no existen vacíos
porque somos plenos.
Porque todo,
lo que buscabamos afuera ,
ya vivía
en nosotros sin saberlo.
Solo teníamos
que mirar hacia adentro...



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